Por: Equipo Jurídico Pueblos
4 de septiembre de 2026
En el año 2026 más de 100 casas han sido destruidas en el corregimiento de Filogringo; aproximadamente el 90 % de su población (más de 3.000 personas) ha tenido que dejar sus hogares, sus vecinos, sus cultivos, sus animales y su estilo de vida a causa de los drones y las bombas que han provocado la destrucción. Este pueblito del nororiente colombiano se mantiene en pie contra “viento y marea”.
Muchos pueden decir, fríamente, que la guerra es así y que Filogringo es un escenario de la guerra actual que involucra al Frente 33 de las extintas FARC, al Ejército colombiano y al Ejército de Liberación Nacional (ELN).
Pero esto es solo una cara de la realidad. En Filogringo y sus alrededores se encuentran ricos recursos naturales que son codiciados por los más ricos, nacionales e internacionales, desde hace casi un siglo. Desde hace 90 años, las y los habitantes del Catatumbo han tenido que defender su territorio. No es solo por la situación que se vive en este momento ni únicamente por las confrontaciones entre las partes en conflicto.
¿Qué significa el territorio que defienden las y los habitantes de Filogringo?
Un habitante lo explica así:
“Cuando hablamos de nuestro territorio, no pensamos en un pedazo de tierra en específico, sino que es toda la región del Catatumbo. Porque la cultura, el amor de la gente, la fraternidad es lo mismo. Todos están prestos a colaborar, a ayudar, a construir, a generar alternativas que nos permitan mantenernos aquí”.
Otro dirigente de esta comunidad, profundamente afectada, comparte:
“Cuando defendemos nuestro territorio es porque hemos tenido una lucha constante aquí. Una lucha de defender el agua, de defender la montaña, de defender todo. Y hemos creado muchísimas cosas en el territorio, y defendemos estos avances. Hemos hecho escuelas, hemos hecho puestos de salud, hemos hecho carreteras, hemos construido puentes para pasar carros vehiculares, con recursos de nuestro bolsillo, de las comunidades […] Soy orgulloso de ser un campesino en Catatumbo porque sabemos sembrar nuestras plantas sin tecnología. Sabemos cómo sembrar el cacao, en qué tiempo hay que podarlo, cómo cultivar la mata de plátano, en qué tiempo tenemos que sembrar el maíz, el fríjol. Los viejos nos lo enseñaron y todo esto es construir territorio.
Finalmente, explican que defender su territorio es defender su historia.
“En 1987 yo tenía 16 años. En las comunidades no teníamos nada. Ni vías, ni electrificación, ni escuelas. Entonces los dirigentes de las comunidades de la región nororiental decían que necesitábamos un pliego de peticiones al Estado colombiano. Con esto fuimos al paro nororiental. Yo era muy joven, pero hicimos este pliego a mano y luego con una máquina de escribir y fuimos a los paros. Ahí fue que el Estado comenzó a matar a los que lideraban. Yo conocí un muchacho que tenía unos 27 años; le decían el Camaleón por una enfermedad de la piel que tenía. Él vivía en la comunidad vecina de San Luis y ahí, en la cancha, llegó el Ejército en la mañana y, vulgarmente, lo caparon. Fue bajo el puente Cajón y ahí bajaba el chorro de sangre; el muchacho se desangró. Su memoria es parte de nuestro territorio”.
No es defender simplemente una parcela, es defender ante la barbarie ese territorio ha definido toda una tradición y unas formas de ser en comunidad, es defender ese lugar en el que aún se construyen sueños y proyectos de vida digna.
¿De qué y de quiénes defienden el territorio?
Los luchadores de Filogringo tienen claro de quién deben defender el territorio: del Estado colombiano.
“Actualmente tengo 58 años y desde los 14 yo comencé a participar en la Junta de Acción Comunal. Desde ese momento, tengo la noción de que el territorio es algo que hay que defender. Hay que defenderlo de un Estado que nos ha tenido marginados, en el abandono estatal, por siempre. El mismo Estado creó el paramilitarismo como un aparato represivo para desplazar a la gente, con toda la intención de entregar toda la región a la extracción minera”.
Cuando los habitantes de Filogringo hablan del Estado, no se refieren solo al aparato institucional, sino a todo lo que este aparato representa, promueve y defiende: como el paramilitarismo y el despojo.
“Otros países como Estados Unidos quieren tomar el territorio de nosotros. Es por los minerales, por el petróleo, por el carbón, por el oro, por las tierras raras, por la madera y por el agua”, explica un dirigente comunal.
Y es precisamente allí, desde esa concepción ideológica, en donde se da la disputa por el territorio, más precisamente, la idea de que el territorio se define con base en los recursos naturales disponibles para saquear, y no con base en la cultura de la gente, sus necesidades y su lucha.
Toda una historia de incursión y defensa del territorio
La historia de la región ilustra cómo esto ha tenido como consecuencia repetitiva grandes masacres y desplazamientos.
“En los años 30 llegaron las petroleras estadounidenses, desterrando a los hermanos barí del territorio. Creaban equipos de cacería con perros para salir a cazarlos y era legal. Luego estaba aquí un alemán que se asentó en el territorio para explotar la madera, dando el nombre a nuestro corregimiento, “Filogringo”. También en esta ocasión llegaron las fuerzas militares colombianas a desterrar. Pero no lograban matar a todos los barí; aquí están todavía”.
Luego vino el paramilitarismo -entendiéndolo como política o estrategia de Estado- tal como lo dijo el poblador citado anteriormente.
Otro habitante recuerda ese capítulo de la historia:
“Llegaron entre 2000 y 2001 y decían que la gente que vivíamos al otro lado del río éramos guerrilleros, y que el que cruzaba el puente era un objetivo militar para ellos. Masacraron a varias personas. Tenía que defendernos el Gobierno, pero los paracos entraban juntos con la fuerza pública y sus aparatos represivos. Los helicópteros y los aviones bombardeaban y disparaban ráfagas desde arriba y el paramilitarismo por debajo, a pie, sacando gente, masacrando, desplazando. Les metían candela a casi todas las viviendas en el pueblo. Quedaron cuatro años en Filogringo. Y quedó poquita población. Las familias que quedaron obligadamente tenían que hacer servicios para ellos, traerles mercado y cosas así. No quedaron con la intención de hacerles su trabajo sucio. Alguna gente tuvo que irse para Bogotá, otras se distribuyeron en diferentes ciudades dentro del territorio y otras pidieron asilo en Canadá. Se destruyó el tejido social y, hasta pasado un par de años, volvimos a poblar Filogringo y volvimos a construir nuestra Junta de Acción Comunal con el apoyo del proceso social CISCA. Incluso, creamos el Festival por la Vida Campesina en el Territorio del Catatumbo, que celebrábamos año tras año y, con los fondos recogidos ahí, logramos comprar una finca a nombre de toda la comunidad. También logramos que el Estado nos indemnizara por lo que sufrimos durante la incursión paramilitar”. [1]
El paramilitarismo no es un actor definido que pueda identificarse fácilmente, no es un grupo que simplemente muta o cambia de nombre para durar en el tiempo y llegar a más territorios, este, cómo política de Estado y estrategia contrainsurgente, no ha desaparecido, sino que se recicló; pasó de las grandes masacres visibles de los años 80 y 90 a un control social mucho más silencioso, sofisticado y clandestino. Hoy en día, el operador del Estado colombiano se llama el Frente 33 del Bloque Magdalena Medio del Estado Mayor de Bloques y Frentes (EMBF). La población tiene pocas dudas sobre quiénes lanzan los drones hacia sus casas.
El hecho de que su territorio haya sido militarizado desde 2025, cuando el gobierno de Petro declaró el Estado de Conmoción Interior, pero que esta fuerza nunca haya sido atacada, resulta diciente de la relación existente. Y aunque, desde una lógica de guerra, se supondría que el principal objetivo sería el Ejército de Liberación Nacional (ELN), todo parece indicar que, en realidad, el blanco ha sido la población.
El día antes del ataque de los Estados Unidos a Venezuela que produjo el secuestro de Nicolás Maduro, el entonces presidente Petro declaró que Filogringo era una “zona simbólica de la producción traqueta y del dominio del ELN”. En las mismas declaraciones agregó: “Hasta el último día de mi gobierno y después, buscaré que el Caribe sea zona de paz y que el pueblo de Venezuela se encuentre en una salida política a sus diferencias y se vote constituyentemente”. Anunció ahí que “ya entró el Ejército bajo mis órdenes a Filo Gringo”.
Esta combinación de dichos y hechos generó suspicacia sobre el papel del gobierno progresista en el ajedrez geopolítico y contribuyó a la histórica estigmatización de los habitantes del pueblo.
Nuevos desafíos bajo la bota de Abelardo de la Espriella
Pero el gobierno de Abelardo de la Espriella ha dado un gigantesco paso más allá. Tres días después de tomar posesión como jefe del Estado colombiano, a horas del inicio de la emergencia humanitaria nacional provocada por el terremoto cuyo epicentro se ubicó en el suroccidente del país, De la Espriella ordenó el bombardeo del vecino corregimiento de Sinaí. Tres campesinos resultaron heridos, incluida una mujer de 44 años, y posteriormente se reveló que un menor de 16 años murió a causa del bombardeo. Una casa fue destruida y la población fue desplazada.
El Gobierno reportó dos bajas de combatientes del ELN, pero lo que más sobresale del ataque es el daño provocado a la población civil.
Un campesino de Filogringo reflexiona sobre los hechos:
“Están bombardeando las casas de los campesinos. Al avanzar eso, nosotros decimos que puede haber un amangualamiento entre el poder militar y ellos [el Frente 33] para seguir matando campesinos”.
Por otro lado, los ataques con drones no paran y los daños a viviendas y familias se suman semana tras semana. La semana antepasada, a diez días de la toma de posesión de De la Espriella, fue atacada la casa del presidente de ASOJUNTAS, la máxima autoridad comunitaria en la zona.
Puesto que los drones cuentan con un alto grado de precisión, sería ingenuo pensar que esta agresión sea una coincidencia. Otra dirigente comunal explica: “Con la tecnología han hecho un trabajo, han completado croquis de todas las veredas. Con el GPS ya nos tienen las casas ubicadas. Saben dónde vive mi papá, dónde vive el hijo, dónde vive la familia. Esta es una grandísima preocupación para nuestra permanencia en el territorio hoy”.
Glifosato y glufosinato de amonio: otras armas contra las comunidades
En segundo lugar, el uso de químicos dañinos como parte de su guerra contra la coca es una amenaza real para los habitantes de Filogringo y de la región en general. En su campaña electoral, De la Espriella habló de usar “bioherbicidas de última generación” y en su discurso de toma de posesión reiteró que se utilizaría un herbicida “que no causa daño, no contraviene el mandato de la Corte Constitucional y no afecta el medio ambiente”. Todo apunta a que el glufosinato de amonio será el sustituto.
Pero, según el director de INDEPAZ, Camilo González, investigaciones arrojan que “el uso del glufosinato puede bloquear las enzimas que le permiten a los humanos eliminar el amoníaco del cuerpo. Una intoxicación grave se relaciona con convulsiones, pérdida de memoria y coma. También se advierte un riesgo de alteraciones en el desarrollo fetal y la fertilidad”.
Agrega que:
“[…]puede producir quemaduras químicas severas por contacto con la piel y los ojos. Por otra parte, en los ecosistemas acuáticos, es extremadamente tóxico para peces y plantas marinas si llega a los ríos. Además, puede alterar el comportamiento de insectos, destruir larvas de abejas, reducir la cobertura vegetal y acelerar la erosión. En animales domésticos, la ingestión puede causar temblores, asfixia y vómitos, mientras el contacto provoca quemaduras”. [2]
Adicionalmente, De la Espriella derogó la resolución de 2015 que suspendía el uso de glifosato en la segunda semana de su mandato.
Un dirigente campesino de Filogringo ilustra la inefectividad de este herbicida para erradicar el cultivo de coca:
“El glifosato ni daña la coca. La fumigan y a los seis meses están raspando de nuevo. Pero a una mata de cacao o café le cae veneno y eso sí se muere. un corte de yuca le cae veneno y ya usted no se lo puede comer”.
Sigue argumentando:
“El glifosato, además de contaminar el agua, es cancerígeno. Por eso es prohibido en los Estados Unidos, donde lo producen. Vienen a experimentar nuevamente con las ratas de laboratorio que, en este caso, seguimos siendo nosotros”.
Minería y fracking en el gobierno de De la Espriella
Abelardo de la Espriella prioriza la explotación de hidrocarburos y la minería como motores de desarrollo. Lo ha dicho reiteradamente y ha iniciado un proceso de flexibilización de las pocas restricciones ambientales y legales que existían en la administración anterior. La celebración del fracking es la punta del iceberg de lo que será la política de hidrocarburos y minas en este gobierno.
Una dirigente social expresa lo que esto implica para ellos:
“Solo queda un obstáculo para que saquen esos recursos hoy en día. Somos nosotros, los liderazgos que siempre nos hemos opuesto a la explotación de los recursos naturales en la región… Somos la contrapropuesta a este plan de hacerse rico a costa de los campesinos. Esto nos hace un punto de ataque para ellos”.
¿Qué significa “defender el territorio” en este contexto?
“En este momento, para nosotros en Filogringo, defender el territorio significa ofrendar hasta la vida misma”, reflexiona, valiente y realísticamente, un dirigente campesino. “A pesar de la adversidad, todos los días nos levantamos con la moral, con las ganas de salir adelante […] Salir adelante significa seguir produciendo, aunque cultivar es un peligro porque hay tierras minadas y ‘quienes andan por ahí y no nos quieren’. Tenemos dificultades logísticas, de transporte, de costos en los productos y de comercialización. Más que lo usual. Pero seguimos trabajando el campo.
Los dirigentes también hablan de la necesidad de defender su cultura en un contexto donde hasta las costumbres más inocuas se han vuelto peligrosas.
“Nosotros siempre hemos respetado el luto. Sí, a usted se le moría un hermano, su padre o un hijo, usted se vestía unos dos años de negro, todo de negro. Pero hoy no nos podemos poner ni una camisa negra porque nos señalan (como guerrillero) por una triste camisa negra”.
Piensan que es necesario estrechar la articulación entre comunidades, la solidaridad nacional e internacional, la construcción de una red de defensa frente a probables judicializaciones y la movilización social con mecanismos que ayuden a la autoprotección frente a un gobierno que amenaza con una fuerte represión a todos los que piensan protestar.
Además, saben que, aunque De la Espriella tiene un fuerte apoyo en el imperio estadounidense y en muchos gobiernos que se han sumado o se han sometido a la ola de fascistización en el continente, también hay pueblos pendientes de su proyecto y del curso de los derechos humanos en Colombia.
Por eso, la denuncia de violaciones de derechos humanos tiene también un lugar fundamental en sus mecanismos de autoprotección y protección. Así también, mantener viva la memoria de lo que la comunidad ha vivido históricamente. Es importante fortalecer al Comité de Tejedores, un grupo de sobrevivientes de las incursiones militares y paramilitares que vienen siendo el referente organizativo para la memoria histórica.
Finalmente, defender el territorio significa mantener y avivar la organización social, una difícil tarea frente a las bombas que caen casi todos los días.
“Es un momento súperimportante para organizarnos mejor y para conocer de fondo qué es lo que nos viene, porque es como cuando usted juega un partido de fútbol. Si usted estudia al rival, usted sabe cómo lo va a enfrentar. Seguimos con toda la intención de seguir ayudando a la comunidad. No nos han bajado la moral”. Explica un dirigente de ASOJUNTAS.
Los dirigentes comunales y habitantes de Filogringo, que enfrentan una realidad tan dura que los mantiene entre la vida y la muerte, son un ejemplo de tenacidad, fortaleza y valentía para otras comunidades en Colombia y otras partes de América Latina que luchan por defender su territorio y generar alternativas de vida, disputando los poderes que controlan el mundo.
[1] En 2007, el Consejo de Estado falló a favor de la comunidad, que argumentaba que el Estado no la protegió frente al paramilitarismo, y 537 habitantes lograron una indemnización de 13.000.000 COP.
[2] REDACCIÓN JUDICIAL. “Glufosinato: el herbicida que podría reemplazar al glifosato y que ya genera dudas”. El Espectador [en línea]. 28 de agosto de 2026. [Consultado: 2 de septiembre de 2026]. Disponible en: https://www.elespectador.com/judicial/glufosinato-el-herbicida-que-podria-reemplazar-al-glifosato-y-que-ya-genera-dudas/
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